Tengo un problema. Nunca he sido excesivamente consumista. De hecho hay que arrastrarme a comprar ropa y trapitos varios y no me rindo hasta el momento en el que es absolutamente necesario. Me pone nerviosa ir de compras. Pero tengo un problema con los libros. Las tres últimas vez que fui a Coruña a la Biblioteca Infantil y Juvenil de Durán Loriga paro en la Fnac y, quiera o no compro un libro. Ya sea Los libros arden mal, de Manuel Rivas o algún pequeño clásico en francés como Le Petit Prince o Le Petit Nicolas. No tengo remedio. Pero me sucede en todas partes. Ha sido la Feria del Libro y no me he resistido a comprar el último de Ruiz Zafón para regalar el día de la Madre o si acompaño a un amigo a la Central Librera a por un diccionario de japonés llego a casa con Novecento de Baricco sin pretenderlo. Sí, sin duda tengo un problema.
3 comentarios:
¡que no es un problemaa!!, jaja... a mi me encanta que seas de esa manera...
es de todo menos un problema.
:)
Los libros, no son objetos hendonistas, sino mundos abiertos en donde perdernos, en donde subvertir la realidad, quizas el mercado, o lo economico, enturbie hasta los libros, pero comprar un libro todavia sigue siendo un acto de insurgencia.
Saludos.
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