
A lo largo de este blog, he hablado de historias, de libros, pero también de escritores que han marcado de una forma u otra mi vida. Por tanto, creo que moralmente no puedo olvidarme de la primera de ellas, Enid Blyton. Cuando yo era pequeña, sus historias de internado eran mis libros de cabecera. Creo que he leído las series de Santa Clara y Torres de Malory más veces que cualquier otro libro en la vida. Y nunca me he cansado de leerlo. Si a cualquier niño, de ayer o de hoy, sus padres le amenazan con meterlo en un internado, se le antoja el peor de los castigos. Sin embargo, si me lo hubieran dicho a mí durante mi infancia, lo habría considerado un regalo inmerecido. Cada vez que leía esos libros, me teletransportaba, y me imaginaba que estaba en Santa Clara o en Torres de Malory, con las mellizas O'Sullivan o Darrell Rivers, con Mademoiselle enseñándome francés, y viviendo cada día montones de aventuras. Así me dormía cada noche, con un libro de la colección. Y cuando me despertaba al día siguiente, volvía a mi realidad sin abandonar del todo ese mundo que me cautivaba. Guardo como oro en paño ambas colecciones que mi madre, llegado el momento, me legó. Y confío, en un futuro, poder compartirlas con mis hijos. Para que ellos también puedan adentrarse en ese mundo, y soñarlo, vivirlo y disfrutarlo como lo hice yo. Porque son libros que jamás pasarán de moda. Que siempre llevaré en mi corazón.
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