Hay quien piensa que los cuentos son sólo para niños. Sobre todo los cuentos muy ilustrativos. Piensan que cuando la imagen dice más que las palabras, es porque el libro va dirigido a personas que no saben leer o que no le dan importancia a las palabras. Bendita ignorancia...
El pasado otoño, recibí de una de mis amigas y colegas bibliotecarias un libro que parecía un cuento infantil. Era un regalo de cumpleaños atrasado. Somos siempre todas bastante desastre, y siempre tardamos demasiado en darnos regalos. Pero casi siempre nos regalamos libros. No es por tradición, o como proyecto de fomento de la lectura. Lo hacemos porque amamos los libros por encima de cualquier otra cosa material.
El libro era El árbol rojo, de Shaun Tan. Y creo que ha sido una de las elecciones más acertadas que alguien ha tenido a la hora de hacerme un regalo. No soy optimista, a veces lo intento, pero el pesimismo me asola demasiado a menudo. Y en unas pocas páginas Shaun Tan se permite el lujo de poner una nota de color (de color rojo) en los días pesimistas que tengo, que son muchos. Y simplemente, en esos días, abro el libro, y me olvido de todo lo demás.
Adoro los cuentos. Porque los cuentos no son sólo para niños.

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