Blog literario a gusto de la autora

domingo, 27 de enero de 2008

Matilda



¿Os acordáis de Matilda? Seguro que muchos habéis visto la película, y unos pocos afortunados habéis leído el libro (todos sabemos que los grandes libros al pasarse al cine pierden mucho).
Leí Matilda, de Roald Dahl cuando tenía unos 13 años. No recuerdo si me lo habían recomendado, o si me lo habían regalado o si vi su portada en el escaparate y me cautivó. En cierta parte, me sentía como ella, con esa pasión literaria. Aunque mi vida era mucho menos traumática, claro está.
Siempre que lo vuelvo a leer, vuelve a conquistarme su historia. Era mi heroína particular cuando era pequeña. Y lo sigue siendo a ratos.
Os la recomiendo muy mucho.

jueves, 24 de enero de 2008

Cartas de inverno


Siempre me ha gustado la forma de escribir que tiene Agustín Fernández Paz, a mí y a media Galicia, claro está. Recuerdo la primera vez que leí Cartas de inverno. Tendría unos 11 o 12 años y lo leí en una práctica de lectura colectiva en voz alta que se llevaba mucho en mi colegio con una pretendida finalidad de promoción de la lectura. Obviamente, aquello nunca funcionó, está claro que no era la metodología adecuada.
Y recuerdo que me cautivó desde la primera página, que me inquietó y me enganchó de tal forma que lo acabé en casa por mi cuenta mucho antes de que en clase llegáramos al final. Y también recuerdo como luego me decepcionó.
Con los años, sé que la mayor parte de mis compañeros lo recordaban como uno de los mejores libros que habían leído para clase. Y yo seguí durante muchos más años con esa sensación que me había dejado de aquella. Me olvidé completamente del final, sólo sabía que mi capacidad crítica infantil-preadolescente (que era bastante en cuanto a literatura se refiere) había decidido que el final no estaba a la altura del resto del libro.
Hace unos días decidí releerlo. No sé si empujada por el estrés o por la sed de literatura llevadera, el caso es que lo saqué de su estante y empecé a leerlo, un poco cada noche antes de acostarme. Comprobé con satisfacción, como no había perdido esa habilidad para inquietarme realmente con la pura ficción. Está claro que Agustín sabe como mantener en vilo a niños, adolescentes, jóvenes y mayores. Ayer terminé de leerlo ... y volví a quedarme con una sensación agridulce.
Sigo pensando que el libro es demasiado brillante para el final que tiene. Está claro que el lector tiene que poner de su parte, que no siempre un escritor nos lo va a dar todo hecho. Hay excelentes libros con finales abierto que no te dejan tal sensación. Este libro no tiene un final abierto, el final es el que es y punto. Lo que sí es abierto es la reflexión individual acerca de cómo se ha llegado a él. Y no sé, no me acaba de convencer ninguna de las hipótesis que se me vienen a la cabeza. Quizás sea ese el problema. Que me falta imaginación.
Valoraciones personales a parte considero que es un libro altamente recomendable. Pues, ¿de qué otro modo si no iba a volver a leer un libro cuyo final me ha decepcionado cuando en ocasiones soy incapaz de terminar los que tengo empezados porque no me seducen?

martes, 22 de enero de 2008

El curioso incidente del perro a medianoche

Es curioso como un tema tan normal y común como es el de la enfermedad de autismo nos resulta a su vez distante y desconocido.
El curioso incidente del perro a medianoche,de Mark Haddon ha sido calificado por la crítica de obra perfecta, libro apasionante, páginas llenas de ternura, reflexiones de una belleza y una profundidad inusuales o un narrador absolutamente singular. Obviamente, no seré yo quien ose contradecir a la crítica. Y mucho menos en este caso.
No me queda nada que añadir a lo dicho sin desvelar nada sobre esta novela tan bien escrita más que confesar mi devoción por quien te sumerge de tal modo en ese mundo, que acabas viendo la realidad desde los ojos de un niño autista.
Y no hay palabras ...

domingo, 13 de enero de 2008

La Fundación

Y seguimos con clásicos pre-selectivos de esos que nos obligaban a leer para saber un poco de toda la literatura que estudiamos y al final nos acababa conquistando. Hoy hablando con Nico salió La Fundación, de Buero Vallejo.
Es de esos libros que te sorprenden. Fácil de leer a pesar de ser teatro, y sorprendente, sin duda. No te deja indiferente si captas su esencia. Te introduce en un mundo incomprensible y finalmente te echa de él como con un jarro de agua fría que sólo puede hacer que te maravilles de su modo de narrar dramáticamente. Increíble.
¿Os imagináis que en vez de leerlo, veis la obra?

sábado, 12 de enero de 2008

La verdad sobre el caso Savolta



Nunca me ha gustado leer por obligación. La mayor parte de los libros que me han mandado leer en el colegio o instituto han sido terribles. Aunque había honrosas excepciones. La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, es una de ellas. Quizás la más significativa. Y eso que cuando empecé a leerlo pensé que era otro bodrio más. Pero sorprendentemente, no fue así ...

Es verdad que para cogerle el gusto al libro hay que leerse al menos 50 páginas, porque el constante cambio de narrador hace que en los primeros capítulos estés realmente perdido. Pero no es menos verdad que una vez empiezas a comprender la relación entre los distintos narradores, no puedes dejar de leer hasta el final. Al menos si tienes sangre en las venas.

Es una impresionante, y sensacionalmente hecha, mezcla de humor, ironía, intriga, sátira, misterio, parodia. No le falta de nada. Bien es cierto que el tema de la resolución de crímenes está más que manido, y mucho más desde que Grissom y compañía han aparecido en las pantallas de nuestros televisores. Pero la verdad es que es uno de esos libros que merecen la pena ser leídos. Y que merece la pena tener en la estantería para volver a leerlo de vez en cuando. Es la mejor elección de libros obligatorios de la que disfruté en mi etapa estudiantil. Y no me arrepiento ni un ápice de haberlo comprado en lugar de cogerlo en la biblioteca escolar, como hacían muchos.

viernes, 11 de enero de 2008

Rimas

Desde pequeña siempre fui lo que se llama una rata de biblioteca. Solía leer libros sentada encima de los periódicos de mi librería de siempre, desde que aprendí a leer. Así me leí cientos de libros.
Luego crecí y fui demasiado puntual. Y me cansaba de esperar. Y llevaba siempre las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer en el bolso.
Porque mis amigas siempre llegaban tarde y mientras las esperaba leía poesía. Y cuando iban de compras, yo me aburría (una que siempre fue rarita a pesar de tener amigas pijas) y sacaba el minilibro del bolso y seguía leyendo poesía.
De vez en cuando, todavía lo llevo.
Es tan tan de bolsillo que me cabe en el neceser. Y así no me aburro en las pequeñas esperas.
Además, yo que siempre he sido un alma enamoradiza, en cada rima, me vuelvo a enamorar.

jueves, 10 de enero de 2008

Nieve

Siempre que Nico (o cualquier otra persona, pero no suele darse el caso demasiado a menudo) me habla de haikus pienso en Nieve. Recuerdo que eMe me había hablado alguna vez de los haikus, pero no había leído ninguno. Me parecían imposibles.
Cuando leí Nieve, de Maxence Felwin, entendí qué eran los haikus. Y lo entendí leyendo un montón de ellos, uno al comienzo de cada capítulo. Me maravillaba como en tres versos tan cortos pudiera encerrarse tanta magia, tanta belleza.
Lo mismo pasa con Nieve. Nieve es un libro corto, muy corto. Más corto que Seda. Y quizás más hermoso. No sabría decirlo con exactitud. Es como cuando te preguntan si quieres más a mamá o a papá.
Nieve es hermoso desde el primer haiku hasta el último. Y en todos los capítulos del medio hay algo que impregna de pureza cada palabra. Será la Nieve. Será la idea de una fulambulista cruzando el cielo en línea recta. Será la búsqueda de la blancura más pura, la de la nieve.
No sé lo que es, pero me atrapa de principio a fin.
Y los haikus, siguen pareciéndome imposibles. Aunque Nico sepa escribirlos.

miércoles, 9 de enero de 2008

La Sombra del Viento



Hay libros que son mucho más que libros. Hay algunos que sin saber cómo ni por qué forman parte de ti. La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón es uno de ellos.
Me lo habían recomendado muchísimo. Lo había regalado antes incluso de haberlo leído, sólo porque mi librera me lo recomendó. Tuve la oportunidad de leerlo en mis primeras vacaciones de verdad. El sol de Levante en Julio es abrasador, y la siesta nunca fue santo de mi devoción, así que mis sobremesas consistían en devorar página tras página mientras el resto de la casa se dormía la telenovela de la primera.
Es un libro especial. Me engachó desde la primera página. Recordaré siempre cómo mi librera me lo recomendó sin habérselo leído sólo por una frase de la primera página:
-Esto no se lo puedes contar a nadie
-¿Ni siquiera a mamá?
Es una frase que inevitablemente te hace sonreír. Y te hace saber desde el principio que va a ser un libro especial. Y lo es, sin duda alguna. Realmente, sé que acabaré por comprármelo.
Tiene todo lo que me gusta encontrar en la literatura: intriga, amor, suspense, pasión, emoción ... Hacía tiempo que un libro no me enganchaba tanto; la literatura siempre había sido mi pasión y la tenía casi abandonada, hasta que lo descubrí.
Quizás es esa pasión por la literatura que siempre me ha acompañado la que me hizo identificarme de ese modo con el protagonista. Quizás por eso La sombra del viento es más que mi libro de cabecera. Quizás por eso no se me ocurrió mejor regalo para mi mejor amigo en su pasado cumpleaños, quizás por eso no se me ocurrió nadie mejor con quien compartirlo.

martes, 8 de enero de 2008

Seda



Casi siempre acabo hablando de Seda. Casi siempre acabo regalando libros de Baricco: Oceano mar, El pianista. Y Seda, claro.

La primera vez que oí hablar de él estaba encerrado en la letra de una canción de mi ídolo supremo, el Sr. Erentxun. Todavía recuerdo como la persona que se lo regaló me dijo: simplemente léelo. Y luego hablamos.

Me lo regalaron hace unos años. Unos Reyes Magos adelantados. Alguien que en su momento fue importante. Aunque hoy no sea absolutamente nada.

Sus palabras todavía siguen manuscritas en la primera página de ese ejemplar. Como amante absoluta de los libros prefiero que continúen ahí aunque jamás volveré a releerlas antes que mutilar uno de mis libros de cabecera.

No me canso de leerlo. Es de esos libros que no te atrapan hasta el final. Probablemente que no entiendes hasta el final. Pero tiene esa magia que hace que no pares de leer hasta la última página, hasta que te ha conquistado para siempre.

Seda, de Alessandro Baricco. Absolutamente recomendable.

lunes, 7 de enero de 2008

Mafalda


La pregunta es simple: Mafalda, ¿para niños o para adultos?


Probablemente muchos dirán: para adultos, claramente. Se trata de una crítica social que ningún niño conseguiría entender.


Bueno, es una opción. Pero yo no la comparto.


Empecé a leer a los 4 años. Y a los 5 ya me había leído al menos una vez los 10 libros de tiras de la musa de Quino que mis primos tenían en su habitación.


Obviamente no me enteraba de la misa la mitad. Pero yo me reía. Y me he leído más de cincuenta veces esas historietas y me rio siempre en los mismos chistes.



Ahora de adulta tengo otra perspectiva. Y entiendo lo que antes no entendía. Y me sigo riendo. Con otra visión.




Y digo yo. ¿Cómo se le puede llamar a alguien que cautiva de la misma manera a grandes y pequeños con las historias de una niña que tiene más calado al mundo que el más viejo de los hombres?


Yo le llamo genuidad.


Otra pregunta sería: ¿Mafalda es literatura?
Pero eso, lo dejamos para más adelante.














viernes, 4 de enero de 2008

Le Petit Prince



La primera vez que leí El Principito de Antoine de Saint-Exupéry fue en la pantalla de un ordenador. Como podréis comprender, ya había dejado atrás mi etapa de lectora compulsiva de cuentos; pero me cautivó de todas formas.
A los pocos meses, mi madre compró una colección de clásicos universales en gallego, entre los que se encontraba O principiño. Me lo volví a leer, esta vez en gallego, esta vez en papel. Le cogí el gusto, decidí que tenía que comprarlo, que tenía que estar entre mis tesoros literarios.
Hace un año mi amiga invisible me lo regaló por Reyes. Sabía que quería tenerlo y lo hizo posible. Fue el mejor regalo de esas Navidades, sin duda alguna. Ya era mío. Obviamente volví a leerlo, y no una, sino varias veces más a lo largo del año.
No sabría explicar por qué me gusta tanto, incluso habiéndolo descubierto de adulta. No es de esos libros que recuerdas de la infancia y por eso son tan especiales. Pero aún así cuando lo cojo vuelvo a sentir esa magia de la infancia. Quizás es porque todavía no he dejado [ni dejaré] de ser la niña que fui.
El próximo reto: leerlo en francés, sin traductores de por medio.

jueves, 3 de enero de 2008

Déjame que te cuente ...

Los cuentos que me enseñaron a vivir.

"Mientras sorbe con tranquilidad el delicioso mate, Jorge Bucay deja que fluyan de sus labios innumerables historias aprendidas a lo largo de su vida. A través de esta larga retahíla de cuentos, el psicoterapeuta confía en adentrarse cálidamente en la conflictiva existencia de su paciente. Demian, un joven que se siente inadaptado y perdido, encuentra en las fábulas, cuentos y parábolas del médico de una forma simple, luminosa y afectiva para esclarecer y desenredar los complicados nudos existenciales que tejen su vida"
Esto podemos encontrar en la contraportada del libro de Jorge Bucay Déjame que te cuente ... Los cuentos que me enseñaron a vivir. No se me ocurre mejor forma de meteros el gusanillo para leer esta obra literaria que sin duda despertará en cada uno de sus lectores emociones que muchos seguro habrán olvidado.
¿Os atreveis a aprender a vivir?