Blog literario a gusto de la autora

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domingo, 13 de abril de 2008

Completamente Viernes

Cuando en mi último cumpleaños mis amigos me regalaron un libro de poesía de un tal Luis García Montero, me agradó, como toda la literatura que llega a mis manos. Si me regalas un libro, me conquistas, sin duda.
Sin embargo, ellos esperaban una mayor emoción de mi parte, porque al parecer sus poesías inspiraban a un cantante y autor de esos que nos apasionan a bocajarro. Cuando lo supe, entendí mejor el porqué de aquel regalo, pero no fue hasta que me empapé de sus versos que me encandiló por completo.
Completamente viernes es una recopilación de poemas de hoy, urbanos. De esos que una no se sorprendería encontrar en algún blog perdido. Y sin embargo ahí están. Impresos, compilados y editados; haciendo las delicia de lectores voraces como una servidora.
Aquí os dejo un pequeño aperitivo. El más corto de los poemas del libro, y sin embargo impregnado de la esencia de su obra.
Resumen
No existe libertad que no conozca,
ni humillación o miedo
a los que no me haya doblegado.
Por eso sé de amor,
por eso no medito el cuerpo que te doy,
por eso cuido tanto las cosas que te digo.
Brillante, ¿no creeis?

sábado, 23 de febrero de 2008

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Poema 20 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda. Porque sólo Él puede escribir ciertas cosas de esa manera.

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

viernes, 11 de enero de 2008

Rimas

Desde pequeña siempre fui lo que se llama una rata de biblioteca. Solía leer libros sentada encima de los periódicos de mi librería de siempre, desde que aprendí a leer. Así me leí cientos de libros.
Luego crecí y fui demasiado puntual. Y me cansaba de esperar. Y llevaba siempre las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer en el bolso.
Porque mis amigas siempre llegaban tarde y mientras las esperaba leía poesía. Y cuando iban de compras, yo me aburría (una que siempre fue rarita a pesar de tener amigas pijas) y sacaba el minilibro del bolso y seguía leyendo poesía.
De vez en cuando, todavía lo llevo.
Es tan tan de bolsillo que me cabe en el neceser. Y así no me aburro en las pequeñas esperas.
Además, yo que siempre he sido un alma enamoradiza, en cada rima, me vuelvo a enamorar.

jueves, 10 de enero de 2008

Nieve

Siempre que Nico (o cualquier otra persona, pero no suele darse el caso demasiado a menudo) me habla de haikus pienso en Nieve. Recuerdo que eMe me había hablado alguna vez de los haikus, pero no había leído ninguno. Me parecían imposibles.
Cuando leí Nieve, de Maxence Felwin, entendí qué eran los haikus. Y lo entendí leyendo un montón de ellos, uno al comienzo de cada capítulo. Me maravillaba como en tres versos tan cortos pudiera encerrarse tanta magia, tanta belleza.
Lo mismo pasa con Nieve. Nieve es un libro corto, muy corto. Más corto que Seda. Y quizás más hermoso. No sabría decirlo con exactitud. Es como cuando te preguntan si quieres más a mamá o a papá.
Nieve es hermoso desde el primer haiku hasta el último. Y en todos los capítulos del medio hay algo que impregna de pureza cada palabra. Será la Nieve. Será la idea de una fulambulista cruzando el cielo en línea recta. Será la búsqueda de la blancura más pura, la de la nieve.
No sé lo que es, pero me atrapa de principio a fin.
Y los haikus, siguen pareciéndome imposibles. Aunque Nico sepa escribirlos.