Blog literario a gusto de la autora

miércoles, 26 de marzo de 2008

Novecento, de Alessandro Baricco

Sabía que Baricco había escrito un relato sobre un pianista.


Ayer salí de clase y acompañé a mi mejor amigo a la Central Librera a comprar un diccionario y una guía práctica de japonés. Como si fuera el más normal de los quehaceres de un martes al anochecer. Y antes de marcharme, sin darme cuenta miré para la estantería de los compactos de Anagrama y lo vi: Novecento La leyenda del pianista en el océano.
Lo cogí e instintivamente fui a mirar el precio en uno de esos lectores de códigos de barras que había en la librería. ¿El precio? Irrisorio.
Volví para casa con el relato en el bolso, y la convicción de que no puedo entrar en una librería sin acabar comprando un libro. Será devoción o deformación profesional.
Anoche, entre la fría noche y la fría mañana de hoy ... acabé por leerlo. Y no puedo más que volver a quitarme el sombrero ante el hombre que con sus palabras escritas más me hace estremecer.
Y es que sabía que Baricco había escrito un relato sobre un pianista.

lunes, 24 de marzo de 2008

Integral, de Roberto Vidal Bolaño

FURELOS
Como o escoitas, Amarito… Integral quere decir, completo, ou sexa… ¡En pelota picada! ¡En coiro! E nestas cousas aquí non che menten.

AMARO
¡Mira que é fácil meterte na horta, meu cuñado!

FURELOS
Se din que é en pelota picada é que é en pelota picada, ¡e acabouse!

AMARO
¡Trolas, para pillar fregueses!

FURELOS
¡Que non Amarito! ¡Que xa pillamos o carro! ¡Que xa somos Europa! Se foras negrata, magrebí ou turco poderían dicirche unha cousa por outra, pero así non poden.

AMARO
Os turcos tamén son europeos.

sábado, 23 de febrero de 2008

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Poema 20 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda. Porque sólo Él puede escribir ciertas cosas de esa manera.

PUEDO escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

sábado, 9 de febrero de 2008

Crimen y Castigo

Otro clásico de la Literatura Universal. Dostoievski. Crimen y castigo.
Moralidad.
Realismo.

Lo que lleva a un hombre a cometer un crimen, a no sacar provecho de él y a pagar un castigo moral mayor que el juridico que le corresponde.

Brillante, sin duda.

Recomendable, por supuesto.

martes, 5 de febrero de 2008

Lo que el Viento se llevó

Si digo Lo que el Viento se llevó, en seguida pensamos en la magnífica película protagonizada por Vivien Leigh y Clark Gable. Quizás porque es de las pocas ocasiones en que se traslada una novela al cine y no pierde encanto.
Antes de ver entera la película tuve la suerte de leer el libro de Margaret Mitchell, que si bien no baja de las mil páginas, es bien fácil de leer. Lo normal es que si lees primero el libro, la película te decepciona, y si haces lo contrario y la película te gustó, el libro te apasiona.
En el caso de Lo que el Viento se llevó, el orden de los factores no altera el producto. Y aunque la película omite muchos detalles (si no estaríamos hablando de una producción de ocho horas en lugar de cuatro) no pierde la esencia y los personajes ganan en vida.
Es una de esas historias que te atrapan desde el primer momento. Porque no hay mejor modo de entender la pasión que a través de Scarlett O'Hara.

domingo, 27 de enero de 2008

Matilda



¿Os acordáis de Matilda? Seguro que muchos habéis visto la película, y unos pocos afortunados habéis leído el libro (todos sabemos que los grandes libros al pasarse al cine pierden mucho).
Leí Matilda, de Roald Dahl cuando tenía unos 13 años. No recuerdo si me lo habían recomendado, o si me lo habían regalado o si vi su portada en el escaparate y me cautivó. En cierta parte, me sentía como ella, con esa pasión literaria. Aunque mi vida era mucho menos traumática, claro está.
Siempre que lo vuelvo a leer, vuelve a conquistarme su historia. Era mi heroína particular cuando era pequeña. Y lo sigue siendo a ratos.
Os la recomiendo muy mucho.

jueves, 24 de enero de 2008

Cartas de inverno


Siempre me ha gustado la forma de escribir que tiene Agustín Fernández Paz, a mí y a media Galicia, claro está. Recuerdo la primera vez que leí Cartas de inverno. Tendría unos 11 o 12 años y lo leí en una práctica de lectura colectiva en voz alta que se llevaba mucho en mi colegio con una pretendida finalidad de promoción de la lectura. Obviamente, aquello nunca funcionó, está claro que no era la metodología adecuada.
Y recuerdo que me cautivó desde la primera página, que me inquietó y me enganchó de tal forma que lo acabé en casa por mi cuenta mucho antes de que en clase llegáramos al final. Y también recuerdo como luego me decepcionó.
Con los años, sé que la mayor parte de mis compañeros lo recordaban como uno de los mejores libros que habían leído para clase. Y yo seguí durante muchos más años con esa sensación que me había dejado de aquella. Me olvidé completamente del final, sólo sabía que mi capacidad crítica infantil-preadolescente (que era bastante en cuanto a literatura se refiere) había decidido que el final no estaba a la altura del resto del libro.
Hace unos días decidí releerlo. No sé si empujada por el estrés o por la sed de literatura llevadera, el caso es que lo saqué de su estante y empecé a leerlo, un poco cada noche antes de acostarme. Comprobé con satisfacción, como no había perdido esa habilidad para inquietarme realmente con la pura ficción. Está claro que Agustín sabe como mantener en vilo a niños, adolescentes, jóvenes y mayores. Ayer terminé de leerlo ... y volví a quedarme con una sensación agridulce.
Sigo pensando que el libro es demasiado brillante para el final que tiene. Está claro que el lector tiene que poner de su parte, que no siempre un escritor nos lo va a dar todo hecho. Hay excelentes libros con finales abierto que no te dejan tal sensación. Este libro no tiene un final abierto, el final es el que es y punto. Lo que sí es abierto es la reflexión individual acerca de cómo se ha llegado a él. Y no sé, no me acaba de convencer ninguna de las hipótesis que se me vienen a la cabeza. Quizás sea ese el problema. Que me falta imaginación.
Valoraciones personales a parte considero que es un libro altamente recomendable. Pues, ¿de qué otro modo si no iba a volver a leer un libro cuyo final me ha decepcionado cuando en ocasiones soy incapaz de terminar los que tengo empezados porque no me seducen?