Hoy todos con la amarilla:
lunes, 23 de enero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
Manolito Gafotas
Hoy rescato de mi infancia, de mis libros y de mi memoria a un personaje como pocos: Manolito Gafotas. ¿Quién no recuerda al pobre Manolito y el fluir de sus pensamientos, al Imbécil y al abuelo Nicolás, a Yihad, al Orejones López y a la sita Asunción. Creo que los libros de Manolito eran indispensables para los niños de mi generación y posteriores, y ¿por qué no? a algún que otro adulto que no supo resistirse a sus encantos. Elvira Lindo ha sabido crear un personaje tan desesperante como entrañable, y en muchos casos, desternillante. Muchos buenos ratos me han hecho pasar entre ambos, en todos y cada uno de sus libros: Manolito Gafotas, Pobre Manolito, ¡Cómo molo!, Los trapos sucios, Manolito on the road y Yo y el Imbécil. Y reconozco que con el paso del tiempo, me ha quedado un gran recuerdo. Tanto, que en la última remodelación de mi habitación, ordenando libros, no he resistido la tentación de volver a leerlos. Os lo recomiendo muy mucho. A los niños, claro, pero también a los que hace tiempo que hemos dejado de serlo. Nunca está de más intentar volver a sentirnos niños.
jueves, 19 de enero de 2012
Perdona pero quiero casarme contigo
La segunda parte de Perdona si te llamo amor. Moccia, otra vez. Reconozco que acababa de terminarme la primera parte cuando, paseando por una librería llegué a la sección Moccia. No me lo pensé dos veces, y compré la segunda parte, y empecé a leerlo. Pero reconozco también que aunque me enganchó, no fue como la primera vez, y tardé demasiado en acabarlo. Quizás porque tenía la impresión de que la historia no iba a acabar del todo bien. Y me resistía, porque en el fondo no quería terminar de leerlo. Quizás porque en función de en qué momento de mi vida me encuentre, no concibo los libros con finales tristes. Pero sin embargo, Moccia hizo que me olvidara de todo, de todos los prejuicios, de todos los temores y me sumergiera en la historia de Niki y Alex. Y no me arrepiento de volver a enamocciarme.
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viernes, 19 de agosto de 2011
Perdona si te llamo amor

Moccia. Ese escritor italiano del que todas hablan. Siempre he sido reacia a leer por moda. Me gusta leer lo que me apetece cuando me apetece. Y siempre tardo demasiado en leer best-sellers, y eso cuando los llego a leer. Hace un año uno de mis grandes amigos me regaló Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia. Había oído hablar tanto de él. Me gustó tenerlo entre mis manos. En aquel momento, estaba empezando El Señor de los Anillos y prometí que sería el siguiente en la lista. Pero no sabía que mi vida se complicaría tanto como para tardar un año en empezarlo. Y unos pocos días en enamorarme. De Moccia, de sus historias. Del amor.
Por alguna razón, los escritores italianos parecen tener ese "algo" que hace que despierte en mí la mayor de las pasiones. Y leo, casi devorando, página tras página enamorándome de las palabras que un día ellos escribieron, de las historias que imaginaron, de los sitios que describieron. Y me meto en cada una de las historias, y me siento protagonista de cada amor, a pesar de que no necesite historias de otros para sentirme dentro de un gran amor. Y sin embargo, me sumerjo en ellas con los ojos cerrados. Queriendo impregnarme de cada palabra, de cada canción que nombran o inspiran. Definitivamente, los escritores italianos me pueden. Y ahora, estoy enamocciandome.
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martes, 16 de agosto de 2011
El Retorno del Rey

O cómo acabar en dos noches con una historia en la que me ha costado entrar un año. Recuperar la mayor de mis pasiones en las páginas de El señor de los Anillos ha sido la mejor manera de olvidar un año de presiones y agobio, de leer páginas y páginas que poco o nada tenían que ver con la literatura. La historia de Frodo, Sam, Aragorn, Legolas, Gimli, Merry, Pippin y Gandalf llegando a su fin, la destrucción del anillo, el papel de Gollum, el final de la Sombra de Sauron, y de Saruman. Y no hay palabras. La mejor de las historias en las que me he sumergido en los últimos tiempos. Ha merecido la pena, no ha defraudado ni un ápice. Y si pudiera volver a leerlos sin saber lo que pasaría, empezaría ahora mismo de nuevo. Me quito el sombrero, señor Tolkien.
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domingo, 14 de agosto de 2011
Las Dos Torres
O cómo odiar y adorar a Tolkien al mismo tiempo. En a penas 5 o 6 días he devorado las casi 500 páginas del segundo tomo de El Señor de los Anillos. Y es que una vez que te metes de lleno en la historia, no puedes parar de leer. No sé en qué momento está el punto de no retorno, pero aunque lo supiera, volvería a llegar a él y volvería a traspasarlo. Hacía demasiado tiempo que no disfrutaba tanto del placer de leer, que no dedicaba tanto tiempo libre a la mayor de mis pasiones, quizás porque hacía demasiado tiempo que no tenía tanto tiempo libre. Y merece la pena. Y aún sabiendo que cuando acabara el segundo libro, impulsivamente comenzaría el tercero odiando a Tolkien y su manera de dejarnos en vilo, leí vorazmente los últimos capítulos, intensamente, sufriendo en cada vaivén de los pequeños hobbits, y al acabar, cerré el libro preguntándome cómo Tolkien podía dejarme así (sí, a mí, porque cuando leo, quiero creer que cada autor escribe sólo para mí, eso es lo genial de la literatura). Y abrí el siguiente tomo volviendo a las aventuras del resto de la compañía, odiando internamente a ese Tolkien que empiezo a adorar. Y preguntándome, ¿que será de Sam y del señor Frodo?
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martes, 9 de agosto de 2011
La Comunidad del Anillo

Ha merecido la pena tardar un año en volver a leer por placer y sumergirme sin pudor en el primer tomo de El Señor de los Anillos. Ha merecido la pena cada adjetivo, cada descripción interminable, cada detalle que Tolkien ha podido imaginar. Ha merecido la pena cada frase, cada párrafo, cada página leída. Porque una vez que entras en su mundo, no eres capaz de salir. Y ni siquiera te apetece intentarlo. Una vez disuelta La Comunidad del Anillo, he vuelto a sumergirme en el siguiente tomo. Seguiremos informando.
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