Blog literario a gusto de la autora

viernes, 19 de agosto de 2011

Perdona si te llamo amor



Moccia. Ese escritor italiano del que todas hablan. Siempre he sido reacia a leer por moda. Me gusta leer lo que me apetece cuando me apetece. Y siempre tardo demasiado en leer best-sellers, y eso cuando los llego a leer. Hace un año uno de mis grandes amigos me regaló Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia. Había oído hablar tanto de él. Me gustó tenerlo entre mis manos. En aquel momento, estaba empezando El Señor de los Anillos y prometí que sería el siguiente en la lista. Pero no sabía que mi vida se complicaría tanto como para tardar un año en empezarlo. Y unos pocos días en enamorarme. De Moccia, de sus historias. Del amor.
Por alguna razón, los escritores italianos parecen tener ese "algo" que hace que despierte en mí la mayor de las pasiones. Y leo, casi devorando, página tras página enamorándome de las palabras que un día ellos escribieron, de las historias que imaginaron, de los sitios que describieron. Y me meto en cada una de las historias, y me siento protagonista de cada amor, a pesar de que no necesite historias de otros para sentirme dentro de un gran amor. Y sin embargo, me sumerjo en ellas con los ojos cerrados. Queriendo impregnarme de cada palabra, de cada canción que nombran o inspiran. Definitivamente, los escritores italianos me pueden. Y ahora, estoy enamocciandome.

martes, 16 de agosto de 2011

El Retorno del Rey

O cómo acabar en dos noches con una historia en la que me ha costado entrar un año. Recuperar la mayor de mis pasiones en las páginas de El señor de los Anillos ha sido la mejor manera de olvidar un año de presiones y agobio, de leer páginas y páginas que poco o nada tenían que ver con la literatura. La historia de Frodo, Sam, Aragorn, Legolas, Gimli, Merry, Pippin y Gandalf llegando a su fin, la destrucción del anillo, el papel de Gollum, el final de la Sombra de Sauron, y de Saruman. Y no hay palabras. La mejor de las historias en las que me he sumergido en los últimos tiempos. Ha merecido la pena, no ha defraudado ni un ápice. Y si pudiera volver a leerlos sin saber lo que pasaría, empezaría ahora mismo de nuevo. Me quito el sombrero, señor Tolkien.

domingo, 14 de agosto de 2011

Las Dos Torres

O cómo odiar y adorar a Tolkien al mismo tiempo. En a penas 5 o 6 días he devorado las casi 500 páginas del segundo tomo de El Señor de los Anillos. Y es que una vez que te metes de lleno en la historia, no puedes parar de leer. No sé en qué momento está el punto de no retorno, pero aunque lo supiera, volvería a llegar a él y volvería a traspasarlo. Hacía demasiado tiempo que no disfrutaba tanto del placer de leer, que no dedicaba tanto tiempo libre a la mayor de mis pasiones, quizás porque hacía demasiado tiempo que no tenía tanto tiempo libre. Y merece la pena. Y aún sabiendo que cuando acabara el segundo libro, impulsivamente comenzaría el tercero odiando a Tolkien y su manera de dejarnos en vilo, leí vorazmente los últimos capítulos, intensamente, sufriendo en cada vaivén de los pequeños hobbits, y al acabar, cerré el libro preguntándome cómo Tolkien podía dejarme así (sí, a mí, porque cuando leo, quiero creer que cada autor escribe sólo para mí, eso es lo genial de la literatura). Y abrí el siguiente tomo volviendo a las aventuras del resto de la compañía, odiando internamente a ese Tolkien que empiezo a adorar. Y preguntándome, ¿que será de Sam y del señor Frodo?

martes, 9 de agosto de 2011

La Comunidad del Anillo

Ha merecido la pena tardar un año en volver a leer por placer y sumergirme sin pudor en el primer tomo de El Señor de los Anillos. Ha merecido la pena cada adjetivo, cada descripción interminable, cada detalle que Tolkien ha podido imaginar. Ha merecido la pena cada frase, cada párrafo, cada página leída. Porque una vez que entras en su mundo, no eres capaz de salir. Y ni siquiera te apetece intentarlo. Una vez disuelta La Comunidad del Anillo, he vuelto a sumergirme en el siguiente tomo. Seguiremos informando.

domingo, 3 de julio de 2011

Librarian Soul

A veces un libro es la mejor excusa para retomar amistades que se quedan estancadas o que se mantienen gracias a las TIC y a veces pasan meses hasta que se materializan con una caña, o un café. A veces simplemente necesitas esa excusa perfecta para charlar tranquilamente y sin prisas, recordar viejos tiempos, reír y ponerte al día de la vida del otro, un poco más profundamente. Y la mejor excusa que conozco es un buen libro. Y no importa que sean libros de esos que te hacen aprobar una carrera o un máster, libros que te dan lecciones de vida, o cuentos de Isabel Allende. El caso es que la literatura une las almas de las personas.

miércoles, 29 de junio de 2011

El Placer de la Lectura

Anoche me acosté, tan cansada como siempre, pero me dije a mí misma que no iba a vencerme esta vez. Cogí El Señor de los Anillos, cuyo primer tomo llevaba demasiados meses abandonado, y leí un capítulo antes de caer rendida por el sueño. Por demasiado tiempo, había olvidado lo que era meterte de lleno en un mundo diferente al tuyo, que algún día, un escritor creó para ti. Porque aunque lo haya creado para todos los posibles lectores, cuando lees sabes que ese mundo ha sido creado para ti. Esa es la magia de la literatura. Había olvidado lo que siempre había amado, más que otra cosa terrenal.

viernes, 24 de junio de 2011

Enid Blyton

A lo largo de este blog, he hablado de historias, de libros, pero también de escritores que han marcado de una forma u otra mi vida. Por tanto, creo que moralmente no puedo olvidarme de la primera de ellas, Enid Blyton. Cuando yo era pequeña, sus historias de internado eran mis libros de cabecera. Creo que he leído las series de Santa Clara y Torres de Malory más veces que cualquier otro libro en la vida. Y nunca me he cansado de leerlo. Si a cualquier niño, de ayer o de hoy, sus padres le amenazan con meterlo en un internado, se le antoja el peor de los castigos. Sin embargo, si me lo hubieran dicho a mí durante mi infancia, lo habría considerado un regalo inmerecido. Cada vez que leía esos libros, me teletransportaba, y me imaginaba que estaba en Santa Clara o en Torres de Malory, con las mellizas O'Sullivan o Darrell Rivers, con Mademoiselle enseñándome francés, y viviendo cada día montones de aventuras. Así me dormía cada noche, con un libro de la colección. Y cuando me despertaba al día siguiente, volvía a mi realidad sin abandonar del todo ese mundo que me cautivaba. Guardo como oro en paño ambas colecciones que mi madre, llegado el momento, me legó. Y confío, en un futuro, poder compartirlas con mis hijos. Para que ellos también puedan adentrarse en ese mundo, y soñarlo, vivirlo y disfrutarlo como lo hice yo. Porque son libros que jamás pasarán de moda. Que siempre llevaré en mi corazón.